PROTOCOL BLOGGERS POINT

El rincón de los blogueros del PROTOCOLO

¡Estoy harta!

Articulo de opinión escrito por Yolanda Amatriaín Ruiz (@) para Protocol Bloggers Point

Dentro de mis limitadas posibilidades actualmente, desgraciadamente no puedo leer todo lo que quisiera pero a veces me pregunto ¿para qué quieres leer más?. Poco asidua a redes sociales, cada vez que leo algo (sobre todo blogs y periódicos online) y cada vez que veo los informativos en la televisión, no puedo más. Hoy es de esos días que mi yo interior está en total consonancia con mi yo exterior. Hoy es de esos días que no puedo más por gritar a quien me quiera escuchar ESTOY HARTA, motivo que me lleva a escribir este artículo de opinión.

Si leo periódicos y escucho informativos, únicamente hay noticias sobre guerras, masacres, paro, corrupción, personas pasándolo verdaderamente mal, destrucciones climatológicas y un largo sinfín de etcéteras. Si leo revistas, blogs que se autodenominan “de protocolo” te hablan  de una vida de glamour, de qué debes o no debes llevar a una boda, de cómo debes comer cierto alimento… Están proliferando los blogs y programas de televisión en los que expertos en moda analizan el estilismo de famosos, se hacen eco de las nuevas tendencias de moda, it girls a las que imitar al milímetro, nomenclatura en inglés porque, si no, estás fuera del mercado y no eres fashion o cool o como diablos se diga y, así, podríamos seguir horas y horas.

En primer lugar, queridos lectores, disponemos de un idioma, el español, que no el castellano, con una riqueza envidiable en cuanto a léxico, riqueza que nos debería llevar a nombrar a las cosas por su nombre en español, no en inglés. Les recomiendo las traducciones  y recomendaciones de utilización en español que  Fundéu BBVA hace de los extranjerismos.

¿Por qué no hablamos con propiedad en nuestro propio idioma?, ¿por incultura o desconocimiento o tal vez porque queremos ser los más in?, ¿no será por sentimiento de inferioridad?, pregunto sin más.

Lo mismo pasa con el “saber estar”, “protocolo social”, “urbanidad”, “buenas maneras”, llámenlo como quieran. Como experta en protocolo, (perdónenme ustedes esta soberbia), mejor dicho, como iniciada en el protocolo, cuando me preguntan cómo deben ir vestidos a una boda, siempre respondo lo mismo: “como puedas” (que no “como quieras”, cuidado con la expresión).

Os hago una pregunta ¿el protocolo no debe evolucionar conforme la sociedad?. ¿Sinceramente creéis que en una sociedad con la tasa de paro que hay, con las dificultades para llegar a final de mes y pagar lo básico, me voy a preocupar en qué voy a llevar a una boda?. Vamos a llamar a las cosas por su nombre. Para empezar, señores anfitriones, lo más importante en un evento no es su evento ni que ustedes se luzcan, sino el público asistente. Piensen un poco más en ellos que en su propio ombligo. Si la mayoría de sus invitados son personas normales, de a pie, como yo, ¿por qué ponen etiqueta a su boda, evento, etc.?. ¿Saben lo que supone económicamente para una familia normal tener que pagar el regalo de la boda más el vestuario conforme a la etiqueta que usted ha marcado?. Por no hablar de si la boda se celebra en un municipio fuera del de residencia, donde al presupuesto hay que añadir gastos por desplazamiento, alojamiento y manutención. Y, después de pagar todo esto ¿usted me va a criticar porque en vez de comprarme el último modelito a la moda según estos expertos voy con el traje chaqueta negro que tengo porque no puedo sufragar todo el coste de la boda?.

Repito, como iniciada en protocolo, sé de sobra que no se puede ir de negro a una boda, no me lo repitan, lo he estudiado. Pero ¿saben por qué? La mayoría sabe que no se puede pero no el porqué. Estamos de acuerdo en que el negro total es sinónimo de luto pero, ¿ustedes no han visto ninguna foto de la boda de sus abuelos? Yo sí y mi abuela iba de negro. ¿Cómo?, ¿de negro?, pero… ¿no es color de luto y prohibido en las bodas?. Sí y no. Mi abuela se casó de negro porque en aquella época no había dinero y las telas negras eran más baratas, por no hablar de que el vestido de novia negro se podía reutilizar con unos mínimos retoques. Ahora, con la misma crisis o mayor, no podemos utilizar el negro. ¡Vivan las apariencias! y, ¡todo sea por ser más que mi vecina!

Repito, ¿no debemos evolucionar?. Recuerdo cuando hace años, dejé “asustados” a cierta nobleza madrileña cuando expuse que unos recién casados necesitan dinero para amueblar su casa a su gusto, para pagar la boda, para irse de viaje de novios… no tener cincuenta cafeteras iguales ni tres jarrones imposibles de combinar con el gusto de los novios. Años después, cuando se casó, junto con la invitación iba una tarjetita con el número de cuenta. ¡Cómo cambiamos cuando nos toca a nosotros y qué fácilmente criticamos al resto! Esto me lleva a afirmar ¡con qué facilidad etiquetamos a las personas sin saber realmente quiénes son y cuáles son sus circunstancias! Las etiquetas son para los productos, no para las personas (esta afirmación no es mía, es copiada pero no recuerdo quién la dijo).

Y, siguiendo con mi argumentación basada en la expresión “como puedas, que no como quieras” existe otra limitación que no es la económica, sino la talla. ¡Me lo van a decir a mí!. Personalmente no visto como quiero, sino como puedo, porque únicamente entro en determinadas tallas cuyo estilismo deja mucho que desear. Pero esto es harina de otro costal que, si otro día tengo ganas, entraré a amasarla.

Todo esto que he recogido en párrafos anteriores, extrapólenlo al concepto de protocolo. El protocolo está y tiene como finalidad hacer la vida más fácil a las personas, simplificar las cosas, evitar conflictos, no crearlos. ¿Hablamos de normas sociales, urbanidad, protocolo social, saber estar, etc.?. Si hablamos de eso, hablamos de paz, no de guerras. Si hablamos de protocolo, hablamos de cómo saber dónde estar, cómo comportarse, cómo actuar pero sobre todo, hablamos de respeto, de saber cumplir unas normas que nos ayudan a convivir en paz y armonía, hablamos de que si cumplimos el protocolo no habría guerras, ni violencia, ni resquemores… habría paz y armonía porque el protocolo se basa en el RESPETO, el respeto hacia los demás, el respeto y educación con el que tratar a los demás como nos gustaría ser tratado. Pero claro, aquí entran en juego dos factores, uno la condición humana que nos hace a unos “dictar sentencia sin tener conocimientos previos” y a otros “dictar sentencia porque mi palabra es la ley” y, dos, la capacidad de copiar (véase artículo de opinión de María de la Serna) y no de innovar ni adaptar a la sociedad actual. ¿Por qué será? No lo sé, sólo sé que la humildad, las ganas de formarse y de aprender hacen al hombre libre, le permiten avanzar y emitir nuevos juicios basados en la justificación y exposición de criterios fundamentados.

Autora: Yolanda Amatriaín Ruiz (@AmatriainY)

Un comentario el “¡Estoy harta!

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Esta entrada fue publicada en 15 septiembre, 2014 por en Sin categoría y etiquetada con , , , .

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